A veces
- 1 mar 2017
- 1 Min. de lectura
Solía trabajar mucho con un cantautor que era, como muchos, asediado por las mujeres. Ambos teníamos una mánager que era una buenaza y nos conseguía fechas y citas importantes. Poco a poco se fue enamorando de él. Le brillaban los ojos, se le caía la baba. Yo solo veía como se iba dejando el corazón en cada concierto. El correspondía, y durante un tiempo se notaba el fuego entre ellos. Era imposible no notarlo, se comían con la mirada, se buscaban. Pero a él no le gustaban con tanta iniciativa ni tan independientes, ni tan vividas, ni tan fuertes. Un día ardió Troya y la ví, hecha un mar, tratando de matar ese amor tan grande que sentía. Pero tenía que seguir trabajando con él. Incluso viendo como se ligaba a otras. Mientras ella se deshacía... Esa es la historia. Triste. Ahora son amigos y cada quien tiene su familia. Creo que nunca se olvidaron. A veces pasa...


















Comentarios