Un mundo para dos.
- 14 feb 2017
- 3 Min. de lectura
Todo lo que me puedan decir del amor ya lo sé, incluso, se lo he comentado a otras personas cuando me han solicitado mi opinión, a veces como ayuda, a veces como regaño. Y sin embargo las trampas del amor (nunca esa frase me sonó tan perfecta) son tales que en ocasiones con gala de cinismo y descaro pueden hasta tener un ostentoso letrero de “esto es una trampa”… y ahí va uno a caer en ella. Tuve, como todos ustedes, una relación de noviazgo con una chica, y era todo lo que amaba pero también todo lo que odiaba en una persona. Como es de esperarse tuvimos momentos sublimes por lo bellos, que insoportables por nuestras respectivas incompatibilidades. Y ahí nos fuimos acomodando, dejando caer las cosas por su propio peso. En realidad estoy tratando de evitar decir que nuestra relación se volvió enfermiza, de ésas en que las personas cortan y regresan una y otra y otra vez. ¿les parecen familiares las frases “pero es que ella no es una mala persona”, “ha cambiado”, “ha sufrido” y otras tantas que buscan excusar tanto a la persona como a nosotros por querer insistir en mantener vivo algo a lo que ya se le ha dado entierro?. Si, yo también caí en ello. Pero… El problema es que ella era verdaderamente una buena persona, verdaderamente cambió muchas cosas y verdaderamente había sufrido demasiado. Sí. Lo escribo y me escucho a mi mismo, pero es lo que es, y a veces (vamos, a ustedes también les consta) así como la vida pone en charola de plata todas las facilidades a personas que nunca hicieron mérito alguno por ello, así también se ensaña sin motivo alguno con personas que nunca hicieron mal a nadie. Invertí mucho en ella, y al reconstruírla me construía a mi mismo. Y en una ocasión: navidad (mi cumpleaños por cierto) la cena, los invitados, las risas, la convivencia… y mi soledad calando por dentro, casi tanto como el frío de afuera era el de adentro. Se había ido nuevamente de la casa, en malos términos. Y yo lidiaba con el dolor de perderla, de no saber cómo estaría, si necesitaría algo, y al mismo tiempo tratando de convencerme que había sido lo mejor. Entonces empezó a sonar una melodía que jamás había escuchado “Sundial dreams” de Kevin Kern. Tristísima, profunda, melancólica… de algún modo esa pieza musical me encendió un switch que me hizo improvisar unas palabras de las cuales, la mayoría retuve en mi memoria y las que no, las rehice lo más parecido a lo que sentí en el momento. Palabras para ella. Si no podíamos estar juntos, al menos justo era desearle que le fuera bien, agradecerle por la infinidad de cosas bellas que trajo a mi vida y el cómo la logró cambiar. Un gracias por hacerme mejor persona y un reconocimiento a lo que fue, a lo que no y a lo que pudo haber sido. Es la única canción que tengo cuya música no es del todo mia, sino inspirada por esa melodía que mencioné antes, le cambié algunas cosas para que fueran más acorde a las palabras y para que desde luego, no fuera una total calca de la original sundial dreams. Siempre he compuesto mis canciones en música y letra, pero la magia de ese momento indudablemente fue en mucho esa canción, y justo consideré darle su mérito como fuente inspiradora, pues de lo demás, la fuente inspiradora fue ella. Nunca volvimos, hay cosas que simplemente no se dan por el hecho de desearlo e intentarlo, pero maduramos, crecimos y seguimos viéndonos como grandes amigos y guardándonos un cariño único y especial el uno hacia el otro. Reconocimos que nos hicimos daño y nos perdonamos, reconocimos más fuertemente sin embargo, que fue mucho pero mucho más fuerte, la felicidad que nos prodigamos y las cosas buenas que nos dimos. Y queda en reconocimiento estas letras a ella… que sabe que es ella. …Y al mundo que construímos, y al que seguido vamos a habitar. Un mundo para dos.


















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